Artrosis de rodilla: ¿hay esperanza antes de la prótesis?

Instituto Ari - artrosis de rodilla

La artrosis de rodilla será una de las enfermedades de mayor demanda asistencial en los próximos años en el mundo occidental debido, entre otras razones, a la inversión de la pirámide poblacional y a los nuevos hábitos deportivos de la población.

A este problema, se unirá el hecho de que cada vez acontece en pacientes más jóvenes para los que la única esperanza curativa es la prótesis de rodilla. Hoy por hoy, la artrosis es una enfermedad degenerativa del cartílago articular que no tiene cura y cuyo único tratamiento médico consiste en paliar los síntomas que ésta produce: dolor, inflamación e impotencia funcional. En pleno siglo XXI ¿podemos ofertar algún tratamiento antes de acabar en una prótesis de rodilla?

Frente a los tratamientos analgésicos y anti-inflamatorios tradicionales, han surgido con fuerza en los últimos 10 años una serie de tratamientos intra-articulares que reducen significativamente los síntomas de la artrosis de rodilla. A diferencia de los anti-inflamatorios y analgésicos, estos nuevos tratamientos intra-articulares (ácido hialurónico, plasma rico en plaquetas y Orthokine) apenas presentan efectos secundarios y pueden ser administrados prácticamente a cualquier paciente.

El ácido hialurónico ya está aprobado en las guías de práctica clínica más recientes para el tratamiento de la artrosis y su uso cada vez está más extendido aportando un beneficio clínico sostenido que oscila entre los 6 y 8 meses, después de los cuales, puede volverse a poner ya que, prácticamente, no tiene efectos secundarios.

El plasma rico en plaquetas (PRP) y el Orthokine, son tratamientos más novedosos y recientes que el anterior y todavía ninguno de ellos esta postulado en las guías de práctica clínica para este cometido. A pesar de ello, son ya miles los pacientes tratados con éxito (algunos de éstos deportistas de élite) y gozan de una creciente y, cada vez más fiable, bibliografía. Los estudios publicados hasta la fecha comunican que, tanto el PRP como el Orthokine, son tratamientos intra-articulares que disminuyen significativamente el dolor, la inflamación y la impotencia funcional de las rodillas artrósicas. Que esta mejoría puede prolongarse más allá de un año (en algunos casos dos) y que, cuando se compara con el ácido hialurónico, ambos (PRP y Orthokine) superan significativamente sus beneficios sin más efectos adversos. Existen, sin embargo, todavía algunas “sombras” en el uso del PRP y el Orthokine. En el caso del PRP no se sabe con certeza cuáles son las pautas de administración y dosis más idónea. Si bien es cierto que este aspecto está cada vez está mejor perfilado. Por otro lado, aunque conocemos el efecto de ambos tratamientos en la mejoría de los síntomas todavía desconocemos sus efectos sobre la enfermedad.

Dudas sobre sus efectos

Sabemos que dichos tratamientos mejoran los síntomas pero existe incertidumbre acerca de su impacto sobre la enfermedad. Es presumible que también la mejoren (como ocurre en animales de experimentación) pero la realidad es que no existen estudios radiológicos o histológicos hasta la fecha que nos digan con certeza si esa articulación tratada mejora y, por tanto, si ambos tratamientos tienen el potencial para parar o revertir la artrosis, punto este de enorme interés para la comunidad científica. No disponemos tampoco de seguimientos controlados a largo plazo que nos hablen de la seguridad de estos dos tratamientos en el tiempo. Aunque no se han comunicado hasta la fecha efectos secundarios significativos, sería beneficioso (además de sensato) contar con un registro de seguridad a largo plazo.

Un mito por comprobar

La realidad es que en la era de la información y la inmediatez muchos pacientes con artrosis de rodilla ya están puntualmente informados de los éxitos terapéuticos con estos tratamientos en deportistas de renombre mundial. El “boca a boca” también ha contribuido a construir un mito muy seductor en el que al PRP y al Orthokine se le atribuyen también propiedades para regenerar el cartílago dañado, hecho éste no demostrado en humanos.

A pesar de nuestra desesperanza, no deberíamos dejarnos llevar por vendedores de humo que ofrecen soluciones milagrosas a buen precio y que (en muchas ocasiones) ni siquiera son profesionales de la medicina. Yo buscaría consejo en un especialista con solvencia y conocimientos actualizados que nos oriente a convivir con nuestra artrosis sin mermar en exceso nuestra calidad de vida. Por tanto, volviendo a la pregunta de: ¿hay esperanza en la artrosis de rodilla antes de poner una prótesis? Yo contestaría con un SÍ rotundo.

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