Instituto Ari - dolor

El dolor es un fenómeno complejo, es una experiencia perceptiva determinada por múltiples factores no sólo físicos o somáticos sino que también es consecuencia de la interacción de componentes sensoriales, cognitivos y afectivos.  Todos estos factores tienen un papel esencial en la inhibición o excitación de la percepción del dolor, es decir, existen procesos psicológicos a través de los que podemos modular o modificar la señal sensorial de dolor.

Existen numerosos ejemplos a lo largo de la historia así como una vasta evidencia científica que demuestra que no existe una relación simple y directa entre una lesión y el dolor experimentado. Para ilustrarlo veamos un breve ejemplo que data de la II Guerra Mundial.

El doctor Beecher, un anestesiólogo muy reconocido, en 1959 empezó a observar algunas reacciones frente al dolor que tenían sus pacientes  que le llamaron mucho la atención. Cuando el doctor atendía a soldados con heridas de guerra del campo de batalla que eran de una magnitud considerable, éstos no se comportaban como él esperaba. Comprobó que los soldados se quejaban muy poco y que demandaban muchos menos analgésicos en comparación con civiles a los que atendía en el mismo hospital con heridas de gravedad similar, quiénes demandaban con mayor frecuencia analgésicos e informaban de una mayor intensidad de dolor.

¿Qué factores psicológicos podrían explicar la diferencia entre la percepción del dolor en un caso y en otro? El doctor Beecher postuló que el dolor está determinado por más factores que el tamaño o gravedad de una lesión, consideró que el significado que cada persona le daba a esa herida era elemental en la percepción del dolor. Para los soldados tener una herida grave era un “regalo”, significaba haber sobrevivido, haber salido del campo de batalla generaba emociones incluso positivas. Para otros civiles, en cambio,  la herida era una catástrofe, un acontecimiento absolutamente deprimente.

Como vemos, el dolor suele aparecer como consecuencia de una lesión, pero además de atender a la perspectiva física y sensorial del dolor, es fundamental atender al resto de factores que van a marcar cómo percibo el dolor.

El dolor provoca sufrimiento y dicho sufrimiento, inevitablemente, está impregnado por nuestra personalidad, por nuestras estrategias de afrontamiento, por nuestra forma de ver el mundo, en definitiva. En función de cómo enfrentemos y vivamos la experiencia de dolor, éste podrá ser más o menos intenso, vivido de una forma más o menos angustiosa, más o menos incapacitante. Así que, atendamos al dolor de forma íntegra, teniendo en cuenta todos sus componentes, y estaremos atendiendo al dolor de una forma eficaz

Por Rebeca Pardo